Los robots humanoides ya fichan en las fábricas
Tesla ya tiene más de 1.000 Optimus en sus fábricas y los Figure trabajan en BMW. La era de los robots humanoides arranca, con matices.
La idea de robots humanoides trabajando en una fábrica ha dejado de ser ciencia ficción para convertirse en una realidad incipiente. A principios de 2026, Tesla ha desplegado más de 1.000 robots humanoides Optimus Gen 3 en sus instalaciones. El dato impresiona, pero conviene leerlo con precisión antes de hablar de una revolución en marcha.
El propio Elon Musk ha sido honesto en un punto clave: por ahora, esos robots están sobre todo para generar datos de entrenamiento, no para hacer trabajo productivo real. Es decir, aprenden observando y ejecutando tareas para alimentar sus modelos, más que para sustituir mano de obra. Es una distinción que separa el despliegue de la utilidad efectiva.
Aun así, Tesla apuesta fuerte por escalar. La compañía está convirtiendo su fábrica de Fremont en una línea de producción de Optimus, con un arranque previsto hacia julio o agosto de 2026. El objetivo declarado es alcanzar 1 millón de unidades al año a finales de 2026, una cifra que, de cumplirse, cambiaría por completo la industria robótica.
Las ambiciones van más allá. Tesla apunta a una fábrica en Giga Texas con capacidad para 10 millones de unidades al año en 2027. Son números de una escala sin precedentes para máquinas tan complejas, y precisamente por eso conviene tratarlos como objetivos por demostrar y no como hechos consumados.
En paralelo, otra empresa ofrece un caso más concreto de trabajo real. Los robots Figure 02, de la compañía Figure, han contribuido a producir 30.000 coches en la planta de BMW en Spartanburg. Es un ejemplo tangible de humanoides integrados en una cadena de montaje real, no solo en pruebas controladas.
Las cifras de operación de Figure aportan textura. Sus robots han acumulado más de 1.250 horas de operación, con varias unidades trabajando jornadas de 10 horas, cinco días por semana. Ese ritmo, sostenido en un entorno industrial exigente, es justo lo que distingue una demostración de un despliegue con vocación productiva.
Figure también mira a la escala. Su fábrica BotQ apunta a producir 12.000 unidades al año. Es una cifra mucho más modesta que la de Tesla, pero quizá por eso más cercana a lo verificable a corto plazo. En este sector, la credibilidad la dan las horas de trabajo acumuladas tanto como los anuncios de capacidad.
El contexto es una carrera que se acelera entre varios actores con enfoques distintos. Unos priorizan el volumen y la integración vertical; otros, la fiabilidad en clientes industriales concretos. La cuestión de fondo es la misma: cuánto del despliegue se traduce en valor económico real frente a aprendizaje y demostración.
Las cautelas son evidentes. Los objetivos de producción son enormes y están por demostrar, y la propia Tesla admite que muchos de sus robots aún no hacen trabajo productivo. Fabricar máquinas humanoides fiables a millones de unidades al año es un reto industrial colosal, distinto de lograr que unas pocas funcionen bien en una planta.
La conclusión es matizada: la era de los humanoides en fábricas es real y se está acelerando, pero hay que separar despliegue de utilidad. Aún son pocos los robots que hacen trabajo de verdad, y los anuncios de capacidad para 2026 y 2027 tendrán que confrontarse con la realidad de la producción. El sector merece atención, no euforia.
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